Sí, señores. Los diseñadores de hoy beben poder y se envenenan, como muchos políticos. Lamento decepcionar a aquellos que visitaron este artículo con ansias de una noticia morbosa, del tipo “Marc Jacobs convertido en alcalde de Miami”. Siempre existirá gente que alabe a Chanel por el mero hecho de ser Chanel, pero esto no es suficiente para ser alabado. Lo sería si alabáramos a la mismísima Coco Chanel, genio y figura imperecedero del mundo de la moda. Pero hoy en día, decir sí “sólo porque es Chanel”, es decir sí sin más a una marca. Y no, a mí el káiser no me vende la moto. Digo no a esos desfiles de excesiva ornamentación, a esas campañas con pelucón y a esas prendas ajenas a la elegancia, rendidas a un envenenamiento de poder por parte de Karl. Todos sabemos –o eso creo- que muchos políticos prometedores, pasados unos años en el poder se creen dueños y señores de su respectivo territorio y por ello hacen y deshacen a su antojo, creyendo que si ellos lo hacen, el pueblo lo acatará sin más. Esto es a lo que me refiero con envenenamiento de poder y, como en el caso de Chanel, el pueblo ignorante lo acata a veces porque lo ha hecho ese señor que tanta confianza un día les inspiró. Karl Lagerfeld fue un genio, no será una servidora quien se atreva a discutirlo, pero hoy es un genio envenenado. Nadie discute su creatividad, pero hoy por hoy esta creatividad es excesiva. Es un genio creativo, pero nefasto en la conservación de la clientela de su empresa. Chanel se presupone que debe ser elegancia, clase, lujo y savoir-faire, pero mucho me cuesta imaginar a Suzy Parker con pantalones bombachos de raso o a la propia Coco con vestidos escultóricos con mangas de farol y tejidos metalizados –un exceso a todas luces, resumiendo-, por mucho que ésta fuese atrevida en el vestir para su época. Atrevida, sí, pero siempre correcta, siempre elegante, jamás ridícula o estrafalaria. Chanel seguirá vendiendo porque Coco le dio una fama que prevalecerá sobre los diseños de Karl o cualquier sustituto durante mucho más tiempo. Los nuevos ricos necesitan de Chanel para creerse elegantes. Pero insisto, Karl, a mí no me vendes la moto. A mí me gusta el Chanel de la elegancia, la exclusividad, la discreción-atrevida y el savoir-faire.
¡Ay! Si Coco levantara la cabeza…
Las imágenes de la izquierda del post, corresponden a la época de Coco Chanel. Las de la derecha, a la era Karl. En particular esta última, corresponde a la campaña otoño-invierno 2012/13. Esa ha sido la motivadora de este post.